No siempre enseñan los agrónomos. Suelen aprender en la práctica de los viajes: De contínuo se encuentran con verdaderas sorpresas. Quien ha ensayado un forraje de Minesotta o Normandía; quien emplea un procedimiento especial para la desinfección de sus frutales, con resultados halagüeños; quien ha introducido una planta exótica para cerco vivo, que compite con ventaja sobre las tuyas, el tamarisco, la tuna y la cinacina.

Un italiano de la vecindad de Trenque Lauquen, que corresponde geográficamente a la zona de Catriló, nos enseña su cerco de oliveto, un arbusto excepcional para reparos vivos.

—Por aquí no entran ni los pájaros—nos dice con cierta vanidad por este descubrimiento que pone su fanegada a resguardo del medanito lindero.

—¿Conoce los sorgos de Jerusalem?—interroga al agrónomo, un agricultor ruso de Doblas.—Pues me están dando excelente resultado. Yo creo que es lo que conviene para el oeste de la Pampa.

En la chacra experimental de Guatraché, nos dan pésimos informes sobre el eucaliptus resinífero, como inadaptable al ambiente; sin embargo, en la estación Rivera (Buenos Aires), zona análoga, hemos podido admirar florecientes ejemplares de esta especie.

Todas estas apuntaciones han venido a robustecer nuestro juicio sobre los agrónomos regionales. Mientras su acción se circunscriba a la labor oficinesca, a base de meteorología, de notas al ministerio y correspondencia epistolar, con los pocos chacareros que consultan, lejos de la observación y el experimento, todo sacrificio del Estado para mantener este dispendioso organismo de la enseñanza agrícola será estéril. Es muy sencillo aconsejar a los labriegos de la Pampa: “siembren trigo” ya que la necesidad del duro pan ha modificado el consejo de nuestro Guido Spano, cuando desde aquel remoto empleo agrícola que le deparó el destino, decía a los chacareros: “planten rosales, señores, muchos rosales, para dulcificar la vida"...

Pero no es ésta la misión fundamental de los agrónomos. Su obra debe ser práctica, experimental, objetiva. Debe ser maestro de agricultores, junto al arado, bajo el sol, en la cosecha, en la parva, en el troje; en los árboles de la huerta y en el alfalfar; frente a la plaga rebelde y en el ensayo de la máquina; en el consejo y en el aplauso estimulador. Debe en fin, no sólo ser buen agrónomo, sino buen agricultor, cosa de borrar en el espíritu de los hombres de campo el concepto de diletantismo con que la experiencia rural estigmatiza casi siempre, y por mera retractación campesina, todo lo que es didáctico o facultativo. Debe, en una palabra, ser autoridad.

VOCABULARIO

Coyuntura. Ocasión.

Connaturalizarse. Amoldarse a las condiciones del medio.