BUENOS AIRES
Establecimiento Gráfico “Oceana"—Chile 525
1923

Queda hecho el depósito
que marca la ley sobre
propiedad literaria.

[AL ÍNDICE]

La lectura moderna
Dos palabras sobre “Nuestra Pampa"

Comprende Nuestra Pampa,—arreglo metodizado y ampliación de mi libro «La Pampa»—una serie de crónicas objetivas sobre el más importante y rico de nuestros territorios, prolongación de la campaña de Buenos Aires. Su confección artística, como se advierte claramente, es marginal entre la literatura y el periodismo. Podrían, y posiblemente con propiedad, designarse sus capítulos, como crónicas de «alto reportaje». Y en cuanto a sus materias, bastará una ligera lectura, para encontrar que la historia, la sociología, la geografía, la economía rural, etc., han servido de base al estudio más completo que se haya hecho hasta ahora sobre la conquista del desierto[A].

Por sobre el anhelo, fuertemente acariciado, de escribir un libro de lectura de generalizaciones argentinas, con descripciones de costumbres, paisajes y acontecimientos,—diluyendo en un volumen, siempre limitado, toda la inmensa fuente de inspiración que nos brinda el país—he preferido, lógicamente, la labor constructiva, robusta, completa, sobre determinada región, sobre esta Pampa tan universal y tan nuestra; tan próxima a los grandes centros urbanos y tan desconocida a la vez; tan legendaria y tan moderna; tan joven y tan promisora.

Siempre he creído que los textos de lectura poligráficos, lejos de encauzar el espíritu y la vocación de los niños, contribuyen a pervertir y extraviar el concepto artístico o científico que deben formarse sobre las obras bellas. Los mosaicos, las antologías, ordenadas con o sin método, hechas de «menudillas» literarias, confecciones editoriales, inescrupulosas casi siempre, no serán jamás auxiliar poderoso del maestro en la inclinación artística o en la educación sentimental de sus alumnos en los grados superiores del curso de aplicación. La antología de Cossón,—permítaseme puntualizar—podrá recordarse con el valor del «vademecum» literario, de fragancias híbridas, con flores y malezas y donde la juventud inquieta, libara al acaso algunas mieles, como el gorrión en las cerezas del huerto abandonado. En cambio, «El Tempe Argentino» de Sastre, sacó triunfante la nota emotiva, llena de sabiduría, de bondad y de belleza, y dió con sus páginas, matices fundamentales para el estilo de muchos de sus niños, que debían de brillar, más tarde, en el libro, en la cátedra y en la prensa. ¡Lástima que aquel libro tenga sobre sí el achaque glorioso de los cincuenta años, mientras el Delta eglógico de los ceibales y la «canoa, sencilla como los afectos», remozado de civilización, se ha vestido con los atavíos de la agricultura científica, ha abierto sus puertos al frigorífico y sus arterias al «ferry boat»!...

Tal es mi juicio sobre la confección material e intelectual de un libro de lectura. La época, sin duda, reclama otras exigencias en su contextura general. Es posible que la prosa movida, ágil, robusta a ratos, amena siempre, sea el punto central de la materia. De ello informaría el sistema dialogado que uso a menudo, las ligeras informaciones estadísticas y la discreción de los cuadros y pinturas fugaces, a título de suavizar el aspecto de algunos estudios que pudieran parecer pesados. En suma: he tratado de organizar un libro que dentro del más acrisolado nacionalismo, sea sano en gramática, en pedagogía y en sentimiento.

En este arreglo escolar y didáctico de mi «Pampa» he desbrozado de la obra original todos los asuntos que he creído superfluos dentro de la asignatura. He arrasado con todas las notas personales e innocuas, evitando, en lo posible, los nombres propios. La estancia del señor A, la cabaña de B, la colonización de X, la gran empresa de H, pasan al libro escolar en el anónimo, destacándose solamente en su fuerza representativa, como elementos máximos del gran desarrollo pampeano. Dejo, únicamente, los nombres de los precursores, de los «pioneers» autóctonos, de los héroes de verdad, sean humildes o poderosos. Así, no puedo pasar por alto el nombre del primer humilde agricultor que llevó los primeros manzanos al valle de General Acha, y que queda incorporado de hecho a la historia agrícola de la República; como el de ese francés de garra, sembrador de pueblos, que fundó Telén, y que vitalizó con su energía y con su franco optimismo, toda la zona noroeste del territorio.

Aspiro, con esta obra, a poner en manos de los educandos un libro lleno de sencillez y verdad, sanamente patriótico y eminentemente objetivo; fiel a la tradición y al progreso; un libro, en suma, constructivo, de una sola pieza, dentro de su contextura, su idealidad y su estilo; que reuna todas las condiciones exigidas por la moderna asignatura y concrete, en capítulos ordenados, la evolución pampera, legendaria y universal,—¡tan argentina, tan nuestra!—desde los tiempos bravos de la dominación aborigen, hasta las más nobles conquistas en materia rural, las grandes invernadas y la colonización científica. Aspiro, a impregnar en los niños de las escuelas de la República, estos mismos sentimientos de tonificante nacionalismo; a que gusten, a través de mi pluma, de las mismas bellezas que yo he gustado y sientan como yo, el noble orgullo de la nacionalidad. Sólo así, comprendiendo la grandeza de la Pampa Argentina, cada lector será capaz a la vez, de revelarla con impresión personal y juicio sereno. Habremos conseguido entonces, en nuestros educandos el resultado de que hablaba Ernesto Leguové a Saint Beuve: despertar el espíritu crítico, sobre la base de obras bellas y sanas. Y se afirmaba para ello el eminente profesor, en la lectura en alta voz, que «nos daba un poder de análisis al que nunca llegaríamos por la lectura muda».