“El “dry farming”, como procedimiento agrícola—continúa nuestro interlocutor—es absolutamente eficaz y seguro, siempre que se ponga en práctica de acuerdo con las características del suelo y los factores meteorológicos. Un agricultor experto, no puede fracasar jamás, salvo por contingencias imprevistas, puesto que al iniciar sus cultivos, debe conocer perfectamente la cantidad de humedad de que dispone.”

—¿Y en lo que respecta a prácticas culturales, cree usted que se debe introducir algunas modificaciones que difieran de los procedimientos aconsejados por los experimentadores de Estados Unidos?

—Sí, señor. La experiencia me está dando material para aconsejar algunas reformas en la preparación y cultivo del suelo. Por ejemplo, yo creo que en nuestras tierras arenosas de secano, la rastra de discos debe ser suplantada por la rastra de dientes, después de sembradas las semillas.

Es esta, sin duda, una interesante observación relacionada con la operación más trascendental en tierras semi-áridas. Macdonald—tan conocido por los técnicos—asegura que la escardadora es más a propósito para gradar el trigo u otros granos pequeños, que la grada común de dientes rectos u oblícuos. Pero si el terreno es medianamente firme—dice—la grada ligera ordinaria hará buen trabajo. Según este profesor, todo labriego deberá poseer una grada de palanca para poder graduar con ella la inclinación de los dientes. Sin embargo, su consejo categórico es el siguiente: “la grada de discos es absolutamente indispensable para los cultivos de secano".

El doctor P. S., compenetrado de la constitución de nuestros suelos en estudio, contraviene el consejo de Macdonald, dando prioridad a la rastra de dientes, afianzado sin duda, en la flojedad de las tierras arenosas. De todas maneras, su gran consejo se circunscribe a usar consecutivamente este instrumento. Coincide en esto con aquel gran cultivador de Valle Cache, en Utah—G. L. Farrel—a quien, en cierta ocasión, le interrogó un grupo de agricultores:

—¿Qué haría usted con un cultivo que estuviese demasiado ralo?

—Gradarlo—respondió.

—¿Y si estuviese demasiado espeso?

—Gradarlo también.

En Utah se grada de tres a cinco veces, durante el crecimiento, para evitar la consolidación del terreno y la expansión de yerbas adventicias. El doctor P. S. opina que se debe rastrear cinco, seis, ocho veces, si es necesario, teniendo en cuenta, además, que esta operación, aparte de ser utilísima, es poco costosa. El éxito de esta tarea está en dejar las tierras en sazón (tempero), produciendo el mayor acopio de humedad.