La maquinaria de este establecimiento vinícola es absolutamente moderna. Llama, sin embargo, la atención, de que no se disponga de un alambique que le permita agotar sus orujos, perdiendo, en consecuencia, un porcentaje elevado de vino y por ende, de alcohol y cremor tártaro. No obstante, se ha iniciado la elaboración de algunos tipos de imitación licorosos, que requerirán mejoramientos.

Gustamos en la bodega algunos vinos de tipo corriente, gruesos. Se ha iniciado la elaboración de un clarete y otros más delicados y armónicos que no admiten “bautismos” ni desdoblamientos en el mostrador...

Un vino blanco, nos sabe a bueno. También nos agrada un pinot de tres años. Probamos, asimismo, un tipo licoroso, discreto.

Nos inicia en esta recuesta—pase el arcaismo—el viejo bodeguero, marchito por los años, pero alegre y parlador, como conviene a un amigo de Baco—en el amable decir.

Se percata del juicio técnico con cierta inquietud. Pero tiene fe en su pericia. Más que con la boca nos pregunta con los ojos:

—¿Le agrada?

—Sí—respondemos.

—Este blanco—asegura el ingeniero A.—es de “folle blanche” y semillón...

—Justo...—confirma el viejo.

Y a renglón seguido interroga: