No para en esto la rutina. El ejemplo de sembrar las cucurbitáceas—zapallos, melones y sandías—se tomó de los indios, sin que se hayan reemplazado hasta ahora los procedimientos. La reproducción de los manzanos sigue haciéndose por hijuelos, en forma primitiva. Este sistema tradicional de cultivos ha desaparecido en muchas quintas. No faltan los fruticultores imbuídos ya en los beneficios de la agricultura científica.

—Mis duraznos—nos dice Bonifacio R.—proceden de ingertos que compré en lo de Peluffo. Es una hectárea y media, nomás, pero me está dando muy bueno.

Y sabedlo bien: este buen criollo, casi pampeano, orgulloso con su granjita La Nena, que es una monada, ha obtenido el gran premio en la exposición internacional de San Francisco, por su semilla de alfalfa.

—La cosecha es poca—nos dice casi con rubor—pero a mí me gusta que sea de calidad. No siempre los criollos hemos de quedar dejados de mano. Este agricultor tiene una pradera alfalfada de 150 hectáreas, que le da, a conciencia, dos cortes anuales. Cultiva, además, un predio de hortalizas y algunos estadales de maíz.

Largo sería enumerar la nómina de colonos que dan vida a este valle próvido. Es lógico que no se hayan improvisado fortunas, pero no será aventurado asegurar que no hay ninguna familia que no tenga su buen pasar. La tierra se ha valorizado notablemente. Pero nadie vende su heredad. Fuera de la cuenca, se han hecho transacciones a 240 pesos la hectárea alfalfada. En las abras vecinas, estrechadas por los médanos, quedan aun muchos claros sin cultivo, entregándose los prados naturales al ganado lanar. El valle es fructícola por excelencia; y mucho nos equivocamos o su verdadero porvenir está en la viticultura.

—La manzana y la uva no fallan nunca—nos manifiesta un experimentado agricultor.—¡Lástima las heladas que a veces suelen ser crueles! Contra estas sí que no hay reparo...

—Pero se van atemperando—asegura un tercero.—Después de aquella famosa que cayó en marzo de 1912, que heló la alfalfa alta y achaparró hasta los eucaliptus, no han sido tan malignas las otras. Los vientos fuertes del sur nos tienen con el Jesús en la boca, porque siempre se anticipan a una noche polar. Hasta en diciembre... Pero ya nos estamos acostumbrando a estas amenazas, menos perjudiciales que la langosta cuando se viene a embolsar en el valle.

Hemos pasado una tarde deliciosa entre estas arboledas que nos traen el recuerdo de las quintas del delta del Paraná. El agrónomo regional ha congregado a los colonos del valle para gestionar su concurrencia al congreso agrícola que se celebrará en Santa Rosa el 16 de diciembre. De esta cita numerosa e interesante, ha salido el delegado de la comarca. La reunión ha sido franca, numerosa, al aire libre, con sencillez vecinal.

Una hora más tarde regresábamos a la vieja capital del territorio.

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