Contradice estas voces la carta del Cardenal de Monreal, que original se conserva en el Archivo de la Catedral de Valencia, fecha en Nápoles, el 12 de Mayo, y dirigida a D. Juan de Marrades dándole cuenta de la boda, para conocimiento del Papa, en los siguientes términos: «Después de levantarnos de la mesa el Rey y yo con todos los Grandes del Reino, acompañamos a D.ª Sancha y a D. Jofre hasta la puerta de la posada en que se alojaba el Príncipe fuera del Castillo nuevo y los acompañamos hasta su cuarto, y S. M. y yo la entregamos a las damas que la aguardaban en casa del Príncipe y a quienes tocaba meterla en la cama a ella y al Príncipe, y al Rey y a mí nos tocaba aguardar a que estuvieran en la cama y entramos luego en el cuarto y allí estuvimos hasta una hora antes de amanecer, mirando cómo estaban en la cama, y S. M. y yo bromeando con ellos, y el Príncipe estaba tan gracioso y animoso en la batalla que hubiera dado cualquier cosa porque lo hubiesen podido ver otros como yo le vi. Después de darle la bendición en la cama, nos fuimos... Mandé hoy por la mañana un camarero mío para saber cómo estaba el Príncipe, que estaba todavía en la cama, y le dijo en secreto que se había portado muy bien, y estaba tan alegre, que delante de él besó dos o tres veces a D.ª Sancha y daba gusto verlo». Y tanto satisfizo al Papa esta relación del Cardenal, que se apresuró a participar al Duque de Gandía, en carta del 18 de Mayo, que su hermano Jofre «había consumado el matrimonio con D.ª Sancha, su esposa, y se había portado muy bien, aunque no tenía más que trece años».
[44] Decíale Emilia Pía a la Marquesa de Mantua, en carta fecha en Urbino el 21 de Diciembre de 1504: «D. Gonzalo (el Gran Capitán) ha mandado celebrar exequias bellísimas a la Princesa de Squillace, en las que quiso se hallase reunida toda la familia, la cual quedó malcontenta, porque D. Juan de Cardona les había quitado toda la fortuna, dejándolos sin nada, salvo a una favorita suya a quien quedaron unos cuantos centenares de florines, y esto quizá porque era muy hermosa, según se dice, y natural de Fossombrone.»
A. Luzio y R. Reiner. Mantova e Urbino. Turín, 1893.
[45] Alfonso V dió título de Conde, en 1448, a Francisco Gilabert de Centelles, su Camarlengo, en premio a sus servicios en las guerras de Nápoles. Por la extinción de la línea masculina recayó el Condado en una hembra, Magdalena, que casó con el quinto Duque de Gandía, Carlos, hijo de San Francisco de Borja.
[46] El Sr. Sanchís en su trabajo sobre El arte del bordado en Valencia en los siglos XIV y XV, cita a un Luis de Sent Jordi, a quien se le llama maestro.
[47] Los libros que figuran en el inventario de Lucrecia, publicado por Luca Beltrami (Polifilo. La Guardaroba di Lucrezia Borgia. Milano, 1903), son quince; de ellos, cuatro españoles: Un libro de coplas a la española, en pergamino, miniado de oro, cubierto de terciopelo carmesí, con cantoneras y broche de plata, en una bolsa de gamuza roja; un libro manuscrito de canciones de varios autores y al principio los proverbios de D. Iñigo López (el Marqués de Santillana), encuadernado en cuero encarnado, con cantoneras y broche de latón (este Cancionero Estense se conserva, aunque con distinta encuadernación, en la Biblioteca de Módena); una Vita Christi, en español, y el Dodese del cristiano, en valenciano.
[48] Esto dice Friedländer, Director del Gabinete Numismático, de Berlín. En el Gabinete de la Biblioteca Nacional de París, hay una medalla atribuída a Medioli, y en el Museo del Prado, entre las medallas del legado de D. Pablo Bosch, hay otra, que también posee el Marqués de Laurencín, atribuída a Geremia, cuyo anverso es parecido al retrato de Lucrecia de Lippi, pero en el reverso aparece el de Alfonso de Este.
[49] Habiendo sabido que el Señor Duque de Solferino creía poseer en su palacio de Centellas, de Barcelona, un retrato de Lucrecia Borja, me permití escribirle preguntándole si era cierto, y rogándole me enviase, en caso afirmativo, una fotografía. Nada puedo decir de este retrato, porque el Señor Duque no se ha dignado contestarme.
[50] El cuadro del Museo de Stockholmo, designado como Retrato de una Señora de calidad, procede de la colección del Rey Gustavo III, en la que era conocido como Retrato de la Princesa Laura d’Este, siendo ésta la Laura Dianti, la donna amata de Alfonso de Este, que casó con ella a la muerte de Lucrecia.
[51] I Borgia. Milano, 1921.