CAPÍTULO XXIII.

Tentativa del Zagal para sorprender á Boabdil en Almería.

Todo este año, tan desastroso para los moros, permaneció Boabdil, verdaderamente llamado el Zogoibi, en la ciudad marítima de Almería. Reducido á una corte mezquina, y conservando apenas el nombre de Rey, esperaba que la fluctuacion de los eventos, haciendo volver á su obediencia á aquel inconstante pueblo, le restituyese al trono de la Alhambra. Su altiva madre, la sultana Aixa, procuró sacarle de este letargo. “Es de ánimos apocados, le dijo, esperar que vuelva la rueda de la fortuna; las almas grandes saben asirla y sujetarla á su voluntad. Sal al campo, acomete empresas, arrostra peligros; asi podras acaso recobrar el trono de Granada, ó conservar al menos la sombra de soberanía que te queda.”

Pero Boabdil no tenia la fuerza de alma que era menester para seguir estos animosos consejos, y en breves dias le sobrevinieron los males que su madre le tenia pronosticado.

Postrado en cama, y casi ciego, el anciano Muley Aben Hazen, iba sucumbiendo á la vejez y á los achaques. Su hermano Audalla, por otro nombre el Zagal, el mismo que habia concurrido á la matanza de los cristianos en los montes de Málaga, era general en gefe de los ejércitos moros, y habia llegado insensiblemente á encargarse de casi todos los cuidados del gobierno. Entre otras cosas proseguia con tanto celo la guerra del Rey padre contra el hijo, que sospechaban algunos habia en esto algo mas que simpatía fraternal.