CAPÍTULO III.
Expedicion de Muley Aben Hazen contra la fortaleza de Zahara.
Año 1481.
En el año de 1481, y pocos dias despues de la natividad de Nuestro Señor, dió Muley Aben Hazen el famoso asalto de la villa de Zahara. Los moradores de ella yacian en el mas profundo sueño, y hasta el centinela habia abandonado su puesto, para ponerse al abrigo de una tempestad tan brava, que habia durado tres noches consecutivas. En tal trastorno de los elementos ¿quién habia de pensar que campease un enemigo? Empero el feroz Aben Hazen halló ser esta la ocasion mas oportuna para la ejecucion de sus designios. En el silencio de la noche se oyó repentinamente dentro de los muros de Zahara, un alboroto y vocería mil veces mas temible que el bramido de la tempestad; y el grito de “¡al arma! ¡al arma! ¡el moro! ¡el moro!” resonó por las calles de la villa, mezclado con el estruendo de las armas, los lamentos de los moribundos y la algazara de los vencedores. Habia salido de Granada Muley Aben Hazen á la cabeza de una fuerza considerable, y atravesando aceleradamente las montañas, llegó á favor de la oscuridad de aquella noche tempestuosa, hasta el pié de la fortaleza, y arrimando las escalas la entró sin ser visto, apoderándose del castillo y del lugar. Los moradores, que no se recelaban del menor peligro, despertaron cuando tenian ya la guerra y la muerte dentro de casa, y atemorizados huian, figurándose que los espíritus infernales venidos sobre las alas del viento, se habian apoderado de sus torres y baluartes. El grito de la guerra se oia por todas partes, en las calles de la villa y en las almenas del castillo; todo lo ocupaba el enemigo, y aunque envuelto en tinieblas, obraba de concierto á favor de señales convenidas. Los soldados de la guarnicion, saliendo atropelladamente de sus cuarteles, corrian desordenados por las calles sin acertar á reunirse, y sin saber á quien herir: entre tanto la cruel cimitarra, esparciendo el terror y la muerte, interceptaba á los fugitivos, y sacrificaba á cuantos ofrecian la menor resistencia.
En breve cesó la lucha y con ella el estrépito de las armas; y ya solo se oian los silvidos del temporal que corria, y de cuando en cuando las voces de la soldadesca mora, ocupada en el saqueo, cuando resonó una trompeta por toda la villa, intimando á los habitantes que se reuniesen en la plaza. Aqui, rodeados de una guardia fuerte, permanecieron hasta la madrugada; y al amanecer era cosa que movia á compasion ver una poblacion poco antes tan feliz, y que ayer se habia retirado al descanso de sus lechos con seguridad y confianza, hacinados hoy en aquel sitio estrecho sin distincion de edad, calidad ni sexo, y expuestos á todo el rigor de un cielo proceloso. Sordo á los ruegos y clamores de estos infelices, mandó el feroz Aben Hazen que llevasen á todos cautivos á Granada. Dejando una fuerte guarnicion en el pueblo y en el castillo, con órden de poner á entrambos en buen estado de defensa, regresó Muley á su capital, ufano de su victoria, cargado de despojos, y llevando consigo los pendones y banderas de Zahara.
Se estaba disponiendo en Granada la celebracion de este triunfo con fiestas y torneos, cuando llegaron los cautivos de Zahara. Estos infelices, rendidos de fatiga, y con la desesperacion retratada en sus pálidos semblantes, venian conducidos por un destacamento de soldados; y mezclados hombres, mugeres y niños, fueron metidos á manera de ganado por las puertas de la ciudad. Grande fue la indignacion de los habitantes al presenciar esta cruel escena. Los ancianos, que tenian experiencia de las calamidades de la guerra, pronosticaron mil males venideros; y las tímidas madres estrecharon á sus hijos contra su seno al mirar el desconsuelo de las de Zahara, con los suyos espirando entre sus brazos. Por todas partes se oian los acentos de la piedad; y la lástima que inspiraban estos desgraciados, iba acompañada de imprecaciones contra el Rey, por su bárbaro proceder. Las prevenciones para las fiestas se abandonaron, y las viandas que estaban destinadas para el regalo de los vencedores, se repartieron entre los vencidos.