Éstos, asi como los cautivos de Málaga, fueron distribuidos entre varios pueblos y familias, hasta tanto que se cumplia el plazo señalado para el pago total de su rescate; pero habiendo espirado los ocho meses estipulados, antes que pudiesen verificarlo, quedaron todos, en número de once mil, segun refieren algunos, y de quince mil, segun otros, condenados á la esclavitud.

CAPÍTULO XV.

De la situacion en que se hallaban respectivamente el Rey Católico, Boabdil y el Zagal, y de la incursion de éste en tierra de cristianos.

Toda la parte occidental del reino de Granada reconocia ya el dominio de los Reyes Católicos: el puerto de Málaga obedecia sus leyes; y los belicosos naturales de la serranía de Ronda les rendian vasallage, subyugados y sumisos: aquellas soberbias fortalezas, que tanto tiempo habian señoreado los valles de Andalucía, desplegaban ahora el estandarte de Castilla y Aragon; y las atalayas que coronaban todas las alturas, estaban desmanteladas, ó guardadas por las tropas del Rey Católico.

Mientras que en esta parte del territorio moro se establecia el imperio de los cristianos, en la parte central, que es lo que rodea á Granada, se mantenia el Rey chico Boabdil gobernando como vasallo de la corona de Castilla. Este desgraciado príncipe no perdia ocasion de propiciar á los conquistadores de su pátria con actos de sumision, y con demostraciones en que no podia tener parte el corazon. Apenas supo la toma de Málaga, envió sus mensageros á felicitar al Rey, acompañando regalos de caballos suntuosamente enjaezados, telas de seda y oro, y perfumes orientales; todo lo cual fue admitido benignamente; y Boabdil, con poca advertencia, se figuró haber ganado un lugar distinguido en los afectos de Fernando. Pero la política de Boabdil algunas ventajas, aunque pasageras, producia á sus vasallos: el territorio que reconocia su dominio estaba libre de las calamidades de la guerra; el labrador cultivaba en paz sus campos, y la vega de Granada, volviendo á florecer, se manifestaba en su primitiva lozanía. Restablecido el comercio, prosperaba el traficante, y en las puertas de la ciudad habia un tránsito continuo de caballerías cargadas con los productos de todos los climas. Pero el pueblo de Granada, aunque apreciaba estas ventajas, aborrecia en secreto los medios con que se habian conseguido, y miraban á Boabdil casi como apóstata é infiel.

Los moros que aun no se habian sometido al dominio cristiano, fundaban ahora sus esperanzas en el anciano Rey Muley Audalla el Zagal. Este príncipe, aunque no reinaba en la Alhambra, todavia se hallaba con mayores fuerzas que su sobrino: sus dominios se extendian desde Jaen, por los confines de Murcia, hasta el mediterráneo, y comprendian las ciudades de Baza y Guadix, y el importante puerto de Almería, que en algun tiempo habia rivalizado con Granada por su poblacion y riquezas. Tenia ademas bajo su jurisdiccion una gran parte de las Alpujarras, ó serranía de Granada. Esta region montuosa es el centro del poder y riqueza de los moros. Su grande elevacion y su fragosidad la hacian casi inaccesible á los enemigos; pero en el seno de aquellos riscos se abrigaban unos valles deliciosos, donde reinaba una temperatura suave y una pródiga fertilidad. Por todas partes brotaban manantiales y fuentecillas, que creciendo en ciertas estaciones con las aguas que bajaban de Sierra nevada, cubrian de verdor y frescura las faldas de aquellos cerros, y formaban al fin arroyos caudalosos, que corrian serpeando por entre plantíos de moreras, almendros, higueras y granados. Aqui tambien se producia la seda mas fina de toda España, se cultivaban grandes viñedos, y se criaban numerosos rebaños con los ricos pastos que ofrecian los valles y las quebradas. Aun en la parte mas árida y estéril proporcionaban estos montes inmensas riquezas, por la diversidad de minerales de que estaban impregnados. En fin, las Alpujarras eran un raudal copioso que acrecentaba en gran manera las rentas de los Monarcas de Granada: sus naturales eran robustos y guerreros, y al llamamiento del Rey salian de aquellos lugares hasta cincuenta mil hombres de pelea.