Tal era la porcion de este imperio que tocó al anciano Muley el Zagal. La guerra aun no habia llegado á esta poderosa comarca, pues le servian de barrera contra sus estragos los elevados riscos y áridos peñascos que la defendian. Mas no por eso dejó el Zagal de añadirle nuevas defensas, mandando reparar todas las fortalezas, á fin de hacer alli el último esfuerzo contra los progresos de los cristianos. Entretanto, conociendo la necesidad de acometer alguna empresa para conservar en su punto al afecto y fidelidad de sus vasallos, ordenó una correría por el territorio enemigo, cuya manera de guerrear sabia él ser la mas grata á los moros, para quienes tenia mas atractivos un corto botin arrebatado á fuerza de armas, que todos los provechos de un comercio pacífico y seguro.
Reinaba entonces la mayor tranquilidad en la frontera de Jaen, y los alcaides de las fortalezas cristianas vivian descuidados, y seguros de toda agresion, por tener tan cerca á su aliado Boabdil, y contemplar distante á su fogoso tio el Zagal. De repente salió este príncipe de Guadix con una fuerza escogida, atravesó rápidamente las montañas que se extienden detras de Granada, y fue á dar como un rayo en la campiña de Alcalá la Real. Primero que cundiese la alarma, ni pudiese la comarca acudir á su defensa, habia hecho en ella el Zagal un estrago enorme, saqueando y quemando aldeas, arrebatando ganados, y llevándose gran número de cautivos. Reuniéronse las gentes de la frontera; pero ya estaba muy lejos el enemigo, que volviendo á pasar las montañas, entró triunfante por las puertas de Guadix, cargado de despojos cristianos, y conduciendo una numerosa cabalgada. Con esta y otras empresas semejantes fomentaba el Zagal el espíritu guerrero de sus vasallos, granjeaba su opinion y afecto, y disponia los ánimos á resistir una invasion que se esperaba por parte del Rey Católico.
CAPÍTULO XVI.
Disposiciones del Rey Fernando para continuar la guerra; sale á campaña; varias empresas de moros contra cristianos.
Año 1488.
Iba ya entrando el año de 1488, y los Soberanos Católicos, resueltos á proseguir en la triunfante carrera que habian comenzado, hasta acabar con el imperio sarraceno en España, se dispusieron á hacer nuevos sacrificios, y á pasar nuevos trabajos y fatigas. Los apuros del erario obligaron á discurrir medios, y á buscar recursos, para la continuacion de los aprestos que se hacian; pero á todo ocurrió el celo del estado eclesiástico contribuyendo con subsidios de consideracion en tropas y dinero. Con todo esto no pudo el Rey reunir su ejército hasta junio de este año, cuando á los cinco dias del mes partió de Murcia con un campo volante de cuatro mil caballos y catorce mil infantes, conduciendo la vanguardia el marqués de Cádiz, á quien seguia el adelantado de Murcia. Entró el ejército en la frontera enemiga por la ribera del mar, esparciendo el terror donde quiera que llegaba: á su vista se rendian los pueblos sin hacer resistencia, temerosos de experimentar los males que habian desolado la frontera opuesta; y en esta forma los pueblos de Vera, Velez el rubio, Velez el blanco y otros de menos nota, se entregaron á la primera intimacion.