Oyendo Muza estas palabras, se levantó, y con generoso ardor, dijo: “No hay que desconfiar de nuestras fuerzas. La sangre de aquellos sarracenos que conquistaron á España aun corre por nuestras venas. Ademas de la gente de armas, muy aguerrida, tenemos veinte mil mancebos en el fuego de la juventud. ¿Carecemos de mantenimientos? caballos tenemos veloces, y campeadores atrevidos; dejadlos que vayan á correr las tierras de aquellos infieles musulmanes que se sometieron al cristiano, y pronto los vereis volver con abundantes cabalgadas. Sean ellos nuestros proveedores; que para el soldado no hay vianda mas sabrosa que la que se arrebata al enemigo.”
El entusiasmo de Muza se comunicó á Boabdil. “Haced, dijo á sus capitanes, lo que convenga en esta guerra; que en vuestras manos y valor está la salud comun y la seguridad de todos: vosotros sois los protectores del reino, y á vosotros toca la venganza de tantos agravios, muertes y asolamientos como ha padecido la pátria”.[41]
Procedióse entonces á señalar á cada uno su deber. Al Wazir se dió el encargo de las armas, provisiones y alistamientos: á Muza el mando de la caballería, la guarda de las puertas y la direccion de todas las salidas y escaramuzas: Naim Reduan y Mohamed Aben Zayde fueron nombrados sus ayudantes. Abdul Kerin Zegrí, y otros capitanes, defenderian las murallas, y los alcaides mandarian en los baluartes.
Estas medidas, y la confianza que inspiraba el nombre de Muza, inflamaron el espíritu guerrero de los granadinos, y en toda la ciudad no se veia sino preparativos para una vigorosa resistencia. Al presentarse el ejército cristiano, se habia cerrado las puertas, y para mas asegurarlas se les habia echado, ademas de los cerrojos, gruesas cadenas. Pero Muza mandó abrirlas de par en par. “Á mi y á mis caballeros, dijo, se ha confiado la guarda de estas puertas: nuestros pechos serán la barrera que las defienda.” En cada una puso una guardia numerosa de soldados escogidos: la caballería estaba siempre á punto de servir, armados los ginetes, y ensillados los caballos. ¿Se acercaba un enemigo? ya habia en la puerta un fuerte escuadron, pronto á lanzarse fuera como rayo que se desprende de la nube. Muza, lejos de ser jactancioso, era mas temible por sus hechos que por sus palabras; y tales hazañas ejecutaba, que la misma vanagloria no podia pretenderlas mayores. Era el campeon de los moros, y era tal, que si Granada tuviera muchos guerreros como él, acaso se hubiera dilatado la conquista de este reino, y el sarraceno por mucho tiempo se hubiera conservado sobre el trono de la Alhambra.
CAPÍTULO XXXIV.
Llega la Reina doña Isabel al campo cristiano; desafio del moro Tarfe, y notable hazaña de Hernan Perez del Pulgar.