—¡No ha vuelto!—exclamé azorado.—¿Por qué?

—La señora Percival parece que está trastornada. Creo que abriga temores de que la haya sucedido alguna cosa.

Sin pronunciar ni escuchar una palabra más, bajé corriendo la ancha escalera con su balaustrada de cristal, llamé a la puerta de la pieza que había sido reservada para la señora Percival, dime a conocer, y en el acto fui recibido.

Apenas me vio la respetable y repulida viuda, se puso de pie y exclamó terriblemente angustiada:

—¡Oh, señor Greenwood, señor Greenwood! ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo vamos a tratar a esta gente detestable? La pobre Mabel salió esta mañana y se dirigió en el bróugham a la estación Euston. Allí le entregó esta carta a Peters, dirigida para usted, y luego despachó el carruaje. ¿Qué significará todo esto?

Tomé la misiva que me entregaba, y temblando la abrí, encontrando, escritas apresuradamente con lápiz sobre una hoja de papel de esquela, estas pocas líneas:

«Estimado señor Greenwood: Indudablemente le causará a usted inmensa sorpresa saber que he abandonado para siempre mi casa. Bien sé que usted abriga por mí tan alta consideración y estima como yo por usted; pero, como mi secreto al fin va a ser conocido, no puedo permanecer haciendo acto de presencia y verme obligada a enfrentarme con usted, que es de todos los hombres al que menos me atrevo a encarar.

»Esa gente me perseguirá hasta la muerte; por lo tanto, prefiero vivir oculta lejos del alcance de sus burlas y de su venganza, antes que quedarme para ser el blanco de sus desprecios y tengan así la oportunidad de señalarme con su dedo burlón y desdeñoso.

»El secreto de mi padre jamás podrá ser suyo, porque sus enemigos son demasiado ingeniosos y astutos. Han tomado toda clase de precauciones para tenerlo bien asegurado contra sus esfuerzos y empeños. De consiguiente, le aconsejo, como verdadera amiga, que es inútil trate de luchar contra la tempestad. ¡Todo es en vano!

»¡Exponerme a la situación es peor para mí que la muerte! Créame que sólo la desesperación ha podido arrastrarme a dar este paso, porque los cobardes enemigos de mi padre y míos han triunfado.