Y entonces le referí el incidente, exactamente como lo he hecho en un capítulo anterior.

Permaneció un momento silenciosa, con su delicada barba fina apoyada sobre la palma de su mano, contemplando pensativamente el fuego. Luego, por fin, me preguntó:

—¿Y qué ha sabido respecto a este misterioso italiano en cuyas manos me ha dejado mi padre? ¿Lo ha conocido usted?

—No, no lo he visto, Mabel—contesté.—Pero he descubierto que es un inglés de regular edad y no italiano, como habíamos pensado. Creo que no me pondré celoso por las atenciones que tenga con usted, pues adolece de un defecto físico. Sólo tiene un ojo.

—¡Sólo tiene un ojo!—repitió tartamudeando, cubriéndose su rostro de una instantánea palidez mortal, al ponerse de un salto en pie:—¡Un hombre que sólo tiene un ojo... e inglés! ¿Usted no quiere referirse, ciertamente—gritó—a ese individuo que se llama Dawson, Dick Dawson?

—Paolo Melandrini y Dick Dawson son una misma y sola persona—respondí con franqueza, completamente azorado al ver el efecto aterrador que habían tenido sobre ella mis palabras.

—Pero no es posible que mi padre me haya dejado en las manos de ese demonio, de ese individuo cuyo solo nombre es sinónimo de todo lo que implica brutalidad, astucia y maldad. ¡No puede ser cierto... debe haber algún error, señor Greenwood... debe haberlo! ¡Ah! usted no conoce como yo la reputación de ese inglés tuerto, porque si la conociera, preferiría antes verme muerta que asociada a él. ¡Debe salvarme!—gritó aterrorizada, estallando en un torrente de lágrimas.—Usted ha prometido ser mi amigo. Debe salvarme, debe salvarme de ese hombre... sí, de ese hombre cuyo simple contacto esparce la muerte!

Apenas hubo pronunciado estas palabras, vaciló, tendió aturdidamente sus finas manos blancas, y hubiera caído al suelo sin sentido, si yo no hubiese dado un salto adelante y la hubiera tomado en mis brazos.

—¿Quién podía ser este Dick Dawson—cavilaba yo—para que tanto terror y odio le produjera; este hombre tuerto que evidentemente estaba ligado con el misterioso pasado de su padre?

XII