—¡Suéltame!—gritó.—¡Bruto! ¡Suéltame! ¿Vas a robarme, después de haberme insultado?

—¡Robarte!—murmuró, con una perversa expresión de odio desenfrenado en su grosera cara pálida.—¡Robarte!—silbó pronunciando un sucio juramento,—¡más que eso voy a hacer! ¡Voy a ponerte donde tu maldita lengua no vuelva a moverse más, y donde no podrás decir la verdad!

Y desgraciadamente, antes que yo pudiera conocer sus designios la tomó por las muñecas y, con un movimiento rápido, la obligó a retroceder tan violentamente contra el bajo parapeto del puente, que durante un momento estuvieron unidos en un abrazo de muerte.

Mabel gritó aterrada, al darse cuenta de sus intenciones, pero un instante después, con una vil imprecación, arrojola de espaldas por sobre la muralla, cayendo ruidosamente y desamparada al fondo de las profundas y obscuras aguas.

En el acto me abalancé a salvarla, mientras el criminal huía, pero ¡ay! era demasiado tarde, porque vi espantado, al escudriñar ansiosamente la obscuridad de aquel abismo, que la masa flotante de hielo la había cubierto, y había desaparecido completamente de la vista.

XVIII

LAS ENCRUCIJADAS DE OWSTON

El ruido de los pasos rápidos del asesino, al escapar por la sombría avenida en dirección al camino, sacome del desaliento en que estaba y me produjo una viva sensación de mi responsabilidad en presencia de aquello, y en el acto me quité el sobretodo y el saco, parándome después a mirar lleno de ansiedad la negra obscuridad de debajo del puente.

Aquellos segundos me parecieron horas, hasta que de pronto alcancé a ver en medio del río un bulto blanco, y sin un momento de vacilación me lancé al agua en su busca.

La impresión del agua fue muy dura, pero, felizmente, soy un fuerte nadador, y ni el intenso frío ni la fuerza de la corriente tuvieron mucho poder para impedir mi avance hacia donde estaba el cuerpo de la inconsciente niña. Después que la tomé, sin embargo, tuve que luchar terriblemente para evitar que me arrastrara hacia la curva, donde yo sabía que el río, unido a otro su afluente, se ensanchaba, y donde las probabilidades de efectuar el salvamento hubieran sido muy débiles.