PÓRCIA.

Apercibid el pecho, Antonio.

SYLOCK.

Sí, sí, ese es el contrato. ¿No es verdad, sabio juez? ¿No dice que ha de ser cerca del corazon?

PÓRCIA.

Verdad es. ¿Teneis una balanza para pesar la carne?

SYLOCK.

Aquí la tengo.

PÓRCIA.

Traed un cirujano que restañe las heridas, Sylock, porque corre peligro de desangrarse.