¡Qué horror!

LADY MACBETH.

¡Qué necedad! ¿Por qué te parece horrible?

MACBETH.

El uno se sonreia en sueños, el otro se despertó y me llamó: ¡asesino! Los miré fijo y con estupor; despues rezaron y se quedaron dormidos.

LADY MACBETH.

Como una piedra.

MACBETH.

El uno dijo: «Dios nos bendiga», y el otro: «Amen». Yo no pude repetirlo.

LADY MACBETH.