Ni que infunda más espanto.
EL JÓVEN SUARDO.
Mientes, y te lo probaré con mi hierro. (Combaten, y Suardo cae herido por Macbeth.)
MACBETH.
Tú naciste de madre, y ninguno de los nacidos de mujer puede conmigo.
MACDUFF.
Por aquí se oye ruido. ¡Ven, tirano! Si mueres al filo de otra espada que la mia, no me darán tregua ni reposo las sombras de mi mujer y de mis hijos. Yo no peleo contra viles mercenarios, que alquilan su brazo al mejor postor. O mataré á Macbeth, ó no teñirá la sangre el filo de mi espada. Por allí debe estar. Aquellos clamores indican su presencia. ¡Fortuna! déjame encontrarle.
SUARDO.
(A Malcolm.) El castillo se ha rendido, señor. Las gentes del tirano se dispersan. Vuestros caballeros lidian como leones. La victoria es nuestra. Se declaran en nuestro favor hasta los mismos enemigos. Subamos á la fortaleza.