MACBETH.
¿Por qué he de morir neciamente como el romano, arrojándome sobre mi espada? Mientras me quede un soplo de vida, no dejaré de amontonar cadáveres.
MACDUFF.
Detente, perro de Satanás.
MACBETH.
He procurado huir de tí. Huye tú de mí. Estoy harto de tu sangre.
MACDUFF.
Te respondo con la espada. No hay palabras bastantes para maldecirte.
MACBETH.
¡Tiempo perdido! Más fácil te será cortar el aire con la espada que herirme á mí. Mi vida está hechizada: no puede matarme quien haya nacido de mujer.