SEÑORA.
Basta ya. Cállate, por favor te lo pido.
AMA.
Me callaré, señora; pero no puedo menos de reirme, acordándome que dijo sí, y creo que tenia en la frente un chichon tamaño como un huevo, y lloraba que no habla consuelo para ella.
JULIETA.
Cállate ya; te lo suplico.
AMA.
Bueno, me callaré. Dios te favorezca, porque eres la niña más hermosa que he criado nunca. ¡Qué grande seria mi placer en verla casada!
JULIETA.
Aún no he pensado en tanta honra.