JULIETA.
Buenas noches.
ROMEO.
No. ¿Cómo han de ser buenas sin tus rayos? El amor va en busca del amor como el estudiante huyendo de sus libros, y el amor se aleja del amor como el niño que deja sus juegos para tornar al estudio.
JULIETA.
(Otra vez á la ventana.) ¡Romeo! ¡Romeo! ¡Oh, si yo tuviese la voz del cazador de cetrería, para llamar de lejos á los halcones! Si yo pudiera hablar á gritos, penetraria mi voz hasta en la gruta de la ninfa Eco, y llegaria á ensordecerla repitiendo el nombre de mi Romeo.
ROMEO.
¡Cuán grato suena el acento de mi amada en la apacible noche, protectora de los amantes! Más dulce es que música en oido atento.
JULIETA.
¡Romeo!