MERCUTIO.
No, pero la mano lasciva del reloj está señalando las doce.
AMA.
¡Jesús, qué hombre!
MERCUTIO.
Un hombre que Dios crió, para que luego echase él mismo á perder la obra divina.
AMA.
Bien dicho. Para que echase su obra á perder... ¿Pero me podria decir alguno de vosotros dónde está el jóven Romeo?
ROMEO.
Yo te lo podré decir, y por cierto que ese jóven será ya más viejo cuando le encontreis, que cuando empezabais á buscarlo. Yo soy Romeo, á falta de otro más jóven.