TEOBALDO.

Estad cerca de mí, que tengo que decirles dos palabras. Buenas tardes, hidalgos. Quisiera hablar con uno de vosotros.

MERCUTIO.

¿Hablar sólo? Más valiera que la palabra viniese acompañada de algo, v. g., de un golpe.

TEOBALDO.

Hidalgo, no dejaré de darle si hay motivo.

MERCUTIO.

¿Y no podeis encontrar motivo sin que os lo dén?

TEOBALDO.

Mercutio, tú estás de acuerdo con Romeo.