JULIETA.

¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mia! Parece que te veo difunto sobre un catafalco. Aquel es tu cuerpo, ó me engañan los ojos.

ROMEO.

Pues tambien á tí te ven los mios pálida y ensangrentada. ¡Adios, adios!

(Vase.)

JULIETA.

¡Oh, fortuna! te llaman mudable: á mi amante fiel poco le importan tus mudanzas. Sé mudable en buen hora, y así no le detendrás y me le restituirás luego.

SEÑORA DE CAPULETO.

(Dentro.) Hija, ¿estás despierta?

JULIETA.