JULIETA.

Poco hacen mis lágrimas: no valía mucho mi rostro, antes que ellas le ajasen.

PÁRIS.

Más la ofenden esas palabras que vuestro llanto.

JULIETA.

Señor, en la verdad no hay injuria, y más si se dice frente á frente.

PÁRIS.

Mio es ese rostro del cual decis mal.

JULIETA.

Vuestro será quizá, puesto que ya no es mio. Padre, ¿podeis oirme en confesion, ó volveré al Ave-María?