RODRIGO.

¿No me conoceis, señor?

BRABANCIO.

No te conozco. ¿Quién sois?

RODRIGO.

Soy Rodrigo, señor.

BRABANCIO.

Pues lo siento mucho. Ya te he dicho que no pasees la calle á mi hija, porque no ha de ser esposa tuya, y ahora sales de la taberna medio borracho, á interrumpir mi sueño con gritos é impertinencias.

RODRIGO.

¡Señor, señor!