BRABANCIO.

Pero has de saber que mi condicion y mi nobleza me dan fáciles medios de vengarme de tí.

RODRIGO.

Calma, señor.

BRABANCIO.

¿Qué decias de robos? ¿Estamos en despoblado ó en Venecia?

RODRIGO.

Respetable señor Brabancio, la intencion que á vos me trae es buena y loable.

YAGO.

Vos, señor Brabancio, sois de aquellos que no obedecerian al diablo aunque él les mandase amar á Dios. ¿Así nos agradeceis el favor que os hacemos? ¿O será mejor que del cruce de vuestra hija con ese cruel berberisco salgan potros que os arrullen con sus relinchos?