YAGO.
Seria lujuria: una especie de prólogo de sus livianos apetitos. Y luego se besaron hasta confundirse los alientos. No dudes que se aman, Rodrigo. Cuando se empieza con estas confianzas, el término está muy cercano. Calla y déjate guiar: no olvides que yo te hice salir de Venecia. Tú harás guardia esta noche, donde yo te indique. Casio no te ha visto nunca. Yo me alejaré poco. Procura tú mover á indignacion á Casio con cualquier pretexto, desobedeciendo sus órdenes, verbi gratia.
RODRIGO.
Así lo haré.
YAGO.
Tiene mal genio, y fácilmente se incomodará y te pondrá la mano en el rostro; con tal ocasion le desafias, y esto me basta para que se arme un tumulto entre los isleños, que llevan muy á mal el gobierno de Casio. No pararemos hasta quitarle su empleo. Así allanas el camino que puede conducirte á tu felicidad. Yo te ayudaré de mil modos, pero antes hay que derribar el obstáculo mayor, y sin esto no podemos hacer nada.
RODRIGO.
Haré todo lo que las circunstancias exijan.
YAGO.
Ten confianza en lo que te digo. Esperaré en el castillo, á donde tengo que llevar los cofres del moro. Adios.