YAGO.
Tiene ojos muy provocativos. Parece que tocan á rebato.
CASIO.
Y á pesar de eso, su mirada es honesta.
YAGO.
¿Has oido su voz tan halagüeña que convida á amar?
CASIO.
Ciertamente que es perfectísima.
YAGO.
¡Benditas sean sus bodas! Ven, teniente mio: vaciemos un tonel de vino de Chipre á la salud de Otelo. Allá fuera tengo dos amigos que no dejarán de acompañarnos.