No tengas ese recelo. A Emilia pongo por testigo de que no he de desistir hasta que te restituyan el empleo. Yo cumplo siempre lo que prometo y juro. No dejaré descansar á mi marido, de dia y de noche he de seguirle y abrumarle con ruegos y súplicas en tu favor. Ni en la mesa ni en el lecho cesaré de importunarle. Buen abogado vas á tener. Antes moriré que abandonar la pretension de Casio.

EMILIA.

Señora, el amo viene.

CASIO.

Adios, señora.

DESDÉMONA.

Quédate, y oye lo que voy á decirle.

CASIO.

No puedo oirte ahora ni estoy de buen temple para hablar en causa propia.

DESDÉMONA.