OTELO.
¿Era el que se fué de aquí ahora mismo?
DESDÉMONA.
Sí, tan triste y abatido, que me dejó parte de su tristeza. Haz que vuelva contento, esposo mio.
OTELO.
Ahora no: otra vez será, esposa mia.
DESDÉMONA.
¿Pronto?
OTELO.
Tus ruegos adelantarán el plazo.