OTELO.
Basta, mujer: no me digas más. Que vuelva cuando quiera.
DESDÉMONA.
No te he pedido gracia, ni sacrificio, sino cosa que á tí mismo te está bien y te importa. Es como si te pidiera que te abrigaras, ó que te pusieras guantes, ó que comieses bien. Si mi peticion fuera de cosa más difícil ó costosa, á fe que tendria yo que medir y pesar bien las palabras, y aún así sabe Dios si lo alcanzaria.
OTELO.
Nada te negaré. Una cosa sola he de pedirte. Déjame solo un rato.
DESDÉMONA.
¿Yo dejar de obedecerte? Adios, señor mio, adios.
OTELO.
Adios, Desdémona. Pronto seré contigo.