Me voy, general. Quédate con Dios. (Se aparta breve trecho.)
OTELO.
¿Para qué me habré casado? Sin duda este amigo sabe mucho más que lo que me ha confesado.
YAGO.
Gobernador, os suplico que no volvais á pensar en eso. Dad tiempo al tiempo, y aunque parece justo que Casio recobre su empleo, puesto que es hábil para desempeñarlo, mantened las cosas en tal estado algun tiempo más, y entre tanto podeis estudiar su carácter, y advertir si vuestra mujer toma con mucho calor su vuelta. Este será vehemente indicio, pero entre tanto, inclinaos á pensar que me he equivocado en mis sospechas y temores, y no desconfieis de su fidelidad.
OTELO.
Nada temas.
YAGO.
Adios otra vez.
(Vase.)