Véte á buscarle; dile que venga, porque ya he persuadido á mi esposo en favor suyo, y tengo por arreglado su negocio.

(Vase.)

DESDÉMONA.

Emilia, ¿dónde habré perdido aquel pañuelo?

EMILIA.

No lo sé, señora mia.

DESDÉMONA.

Créeme. Preferiria yo haber perdido un bolsillo lleno de ducados. A fe que si el moro no fuera de alma tan generosa y noble incapaz de dar en la ceguera de los celos, bastaria esto para despertar sus sospechas.

EMILIA.

¿No es celoso?