DESDÉMONA.
El sol de su nativa África limpió su corazon de todas esas malas pasiones.
EMILIA.
Por allí viene.
DESDÉMONA.
No me separaré de él hasta que llegue Casio.
(Sale Otelo.)
¿Cómo estás, Otelo?
OTELO.
Muy bien, esposa mia. (Aparte.) ¡Cuán difícil me parece el disimulo! ¿Cómo te va, Desdémona?