¿Qué dices, esposo?

OTELO.

¡Aparta, demonio!

DESDÉMONA.

¿Tal he merecido?

LUDOVICO.

Ni con juramento lo creeria nadie en Venecia. ¡Qué ultraje tan brutal! ¿No veis cómo está llorando?

OTELO.

¡Víbora! Si el llanto de las mujeres pudiera fecundar la tierra, de cada gota naceria un cocodrilo. ¡Lejos, lejos de aquí!

DESDÉMONA.