EMILIA.

¡Ojalá no le hubieras conocido nunca!

DESDÉMONA.

Nunca diré yo eso. Le amo con tal extremo que hasta sus celos y sus furores me encantan. Desátame las cintas.

EMILIA.

Ya está; ¿adorno vuestro lecho con las ropas nupciales como me dijisteis?

DESDÉMONA.

Lo mismo da. ¡Qué fáciles somos en cambiar de pensamientos! Si muero antes que tú, amortájame con esas ropas.

EMILIA.

¡Pensar ahora en morirte! ¡Qué absurdo!