EMILIA.

No es anuncio de nada.

DESDÉMONA.

Siempre lo he oido decir. ¡Qué hombres! ¿Crees, Emilia, que existen mujeres que engañen á sus maridos de tan ruin manera?

EMILIA.

Ya lo creo que existen.

DESDÉMONA.

¿Lo harias tú, Emilia, aunque te diesen todos los tesoros del mundo?

EMILIA.

¿Y tú qué harias?