Sí.

CASIO.

Y sin razon ninguna.

OTELO.

Téngolo por cierto y te pido perdon. Preguntad á ese demonio, qué motivo le pudo inducir á infernar de ese modo mi cuerpo y mi alma.

YAGO.

No me pregunteis nada, no he de responder. Todo lo sabeis. Desde ahora no he de hablar.

LUDOVICO.

¿Ni siquiera para rezar?

GRACIANO.