Varios acreedores de Antonio, con quienes vengo desde Génova, tienen por inevitable su quiebra.

SYLOCK.

¡Oh! ¡qué felicidad! Le atormentaré. Me he de vengar con creces.

TÚBAL.

Uno de esos acreedores me mostró una sortija, con que tu hija le habia pagado un mono que compró.

SYLOCK.

¡Cállate, maldecido! ¿Quieres martirizarme? Es mi turquesa. Me la regaló Lia, cuando yo era soltero. No la hubiera yo cedido por todo un desierto henchido de monos.

TÚBAL.

Pero no tiene duda que Antonio está completamente arruinado.

SYLOCK.