Piedra.—Y aún más. Si no mantengo mi rango....

Rosalinda.—Estás perdiendo tu antiguo olfato.

Le Beau.—Me admiráis, señoras. Habría querido contaros una buena lucha, cuyo espectáculo habéis perdido.

Rosalinda.—Con todo, decidnos cómo fué.

Le Beau.—Os contaré el principio, y si os place, podréis ver vosotras mismas el fin, porque aún falta lo mejor; y vienen aquí, donde os halláis, para ejecutarlo.

Celia.—Bien. Sepamos el principio, que ya está muerto y sepultado.

Le Beau.—Ahí viene un anciano con sus tres hijos.

Celia.—Yo podría referir un cuento añejo que principia de ese modo.

Le Beau.—Tres jóvenes apuestos, de excelente vigor y presencia.

Rosalinda.—Con carteles en el pescuezo: «Sepan cuantos las presentes vieren.»