Casio.—¿Dijo algo Cicerón?

Casca.—Sí. Habló en griego.

Casio.—¿Con qué objeto?

Casca.—Pues si yo os lo dijera, nunca volvería á veros la cara. Pero los que le entendían se sonreían uno al otro y meneaban la cabeza. En cuanto á mí... aquello estaba en griego. También puedo daros más nuevas. Marulo y Flavio han sido reducidos á silencio por haber arrancado adornos de las imágenes de César. Adios. Más tonterías hubo, pero no podría acordarme de todas.

Casio.—¿Queréis cenar conmigo esta noche, Casca?

Casca.—No. Ya he dado palabra á otro.

Casio.—¿Queréis comer conmigo mañana?

Casca.—Sí, si estoy vivo, si no cambiáis de idea, y si la comida vale la pena.

Casio.—Bueno. Os aguardaré.

Casca.—Enhorabuena. Adios, amigos, uno y otro. (Sale.)