Celia.—Estaba acostado cuan largo es, como un caballero herido.
Rosalinda.—Aunque es lástima ver semejante cuadro, debía venir bien á la decoración.
Celia.—Ataja tu lengua, por Dios. Se pone á saltar fuera de tiempo. Vestía de cazador.
Rosalinda.—¡Siniestro presagio! Viene á traspasar mi corazón.
Celia.—Quisiera entonar la canción sin tropiezo; pero me haces desafinar.
Rosalinda.—¿No sabes que soy mujer? Cuando pienso, tengo de hablar. Sigue, querida mía, sigue.
(Entran Orlando y Duque.)
Celia.—Me sacáis de mis casillas. ¡Calla! ¿no es él quien viene?
Rosalinda.—El es. Escóndete y obsérvalo.
(Celia y Rosalinda se retiran.)