Jaques.—Gracias por vuestra compañía; pero en verdad me habría sido lo mismo estar solo.

Orlando.—Lo mismo que á mi. Sin embargo, por cumplir con la moda, os doy también las gracias por vuestra sociedad.

Jaques.—Id con Dios. Procuremos encontrarnos lo menos posible.

Orlando.—Prefiero que seamos enteramente extraños cada uno para el otro.

Jaques.—Y os ruego que no echéis á perder los árboles escribiendo canciones amorosas en su corteza.

Orlando.—Y os ruego que no echéis á perder mis versos leyéndolos con tan poca gracia.

Jaques.—¿Es Rosalinda el nombre de vuestra amada?

Orlando.—Precisamente.

Jaques.—No me gusta su nombre.

Orlando.—Sin duda no la bautizaron así para daros gusto.