Orlando.—Casadnos, os ruego.
Celia.—No puedo decir las palabras.
Orlando.—Debéis principiar así: «¿Queréis, Orlando.....
Celia.—Ya estoy. «¿Queréis, Orlando, tomar por esposa á Rosalinda?
Orlando.—Sí, quiero.
Rosalinda.—Sí, pero ¿cuándo?
Orlando.—Por supuesto, ahora mismo, y tan aprisa como pueda ella casarnos.
Rosalinda.—Entonces debéis decir: «Rosalinda, te tomo por esposa.»
Orlando.—Rosalinda, te tomo por esposa.
Rosalinda.—Podría yo pediros que me mostréis vuestra credencial; pero, «Orlando, te tomo por esposo.» He aquí una jovencita que se anticipa al sacerdote: y ciertamente, el pensamiento de la mujer se anticipa á sus actos.