Piedra.—Entonces aprende de mí esto: tener es tener; porque es una figura retórica que la bebida vertida de una taza á un vaso, mientras llena al uno deja vacía á la otra; pues todos vuestros autores convienen en que ipse es él. Ahora bien; vos no sois ipse, porque ese soy yo.
Guillermo.—¿Cuál es ese?
Piedra.—El que se ha de casar con esta mujer. Por lo cual vos, patán, abandonad—ó en lenguaje vulgar—dejad la sociedad, que en rústico es la compañía, de esta hembra—que en el trato común es esta mujer—y todo junto quiere decir, abandona la sociedad de esta hembra ó pereces ¡oh patán!; ó para que lo entiendas mejor, mueres: á saber: te mato, te hago desaparecer, cambio tu vida en muerte, tu libertad en servidumbre. Te administraré veneno, paliza ó cuchillada. Haré asonadas para pelotearte, te abrumaré con mi política, te mataré de ciento cincuenta modos. Tiembla, pues, y vete.
Tomasa.—Hazlo, buen Guillermo.
Guillermo.—Que Dios os conserve el humor, caballero.
(Sale.—Entra Corino.)
Corino.—Nuestros amos os buscan: venid, venid.
Piedra.—Lista, Tomasa, lista, Tomasa. Ya sigo, ya sigo.
(Sale.)