Piedra.—Bonito nombre. ¿Es este bosque el lugar de tu nacimiento?

Guillermo.—Sí, señor, á Dios gracias.

Piedra.—«¡Á Dios gracias!» Galana respuesta. ¿Eres rico?

Guillermo.—Á fe mía, señor, así... así.

Piedra.—«Así, así;» está bien, muy bien, desmesuradamente bien; y sin embargo, no lo es; no es más que así, así. ¿Eres discreto?

Guillermo.—Sí, señor: tengo un ingenio regular.

Piedra.—Pues dices bien. Recuerdo ahora un dicho: «el necio se cree discreto y el discreto se tiene á sí propio en concepto de necio.» El filósofo pagano cada vez que tenía deseo de comer un racimo de uvas abría los labios al ponerlo en la boca; significando con ello que las uvas han sido hechas para comerlas y los labios para abrirse. ¿Amas á esta muchacha?

Guillermo.—Sí, señor, la amo.

Piedra.—Dame tu mano. ¿Eres instruído?

Guillermo.—No, señor.