Rosalinda.—Te lo aseguro por mi vida, á la cual tengo un afecto muy tierno, aunque diga que soy mágico. Así, pues, vístete de gala, é invita á tus amigos; porque si quieres casarte mañana, te casarás; y con Rosalinda, si quieres. (Entran Silvio y Febe.) Mira, aquí vienen una que se ha enamorado de mí, y uno que se ha enamorado de ella.

Febe.—Me habéis tratado con demasiada dureza, joven, mostrando la carta que os había escrito.

Rosalinda.—Si lo he hecho, no me importa. Pongo especial cuidado en parecer adverso y rudo hacia vos. Un fiel pastor os solicita: miradle bien y amadle. Os adora.

Febe.—Buen zagal, decid á este joven lo que es amar.

Silvio.—Es volverse uno todo suspiros y lágrimas; como yo por Febe.

Febe.—Y yo por Ganimedes.

Orlando.—Y yo por Rosalinda.

Rosalinda.—Y yo por ninguna mujer.

Silvio.—Tiene que ser todo fe y sumisión, como yo para Febe.

Febe.—Y yo para Ganimedes.