Y principiaron una tonada,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!,
de que la vida no dura nada,
como una rosa que á la alborada
se abre, y de noche marchita está.
Las aves cantan de dos en dos,
etc., etc.
Disfruta la hora cuando es propicia,
con el ¡eh! con el ¡oh! y el ¡qué gusto me da!;
porque en amores es la delicia
ser coronado con la primicia
que en primavera más bella está.
Las aves cantan de dos en dos,
etc., etc.
Piedra.—En verdad, caballeritos, que aunque la letra no valía gran cosa, la entonación era insoportable.
Paje 1.º—Os equivocáis, señor. Hemos guardado el tiempo; no hemos perdido el tiempo.
Piedra.—Á fe mía que sí; pues el tiempo pasado en oir tan necia canción no es más que tiempo perdido. Que Dios os guarde y remiende vuestras voces. Ven, Tomasa.
ESCENA IV.
Otra parte del bosque.
Entran el DUQUE (MAYOR), AMIENS, JAQUES, ORLANDO, OLIVERIO Y CELIA.
Duque (M.)—¿Crees, Orlando, que el mancebo podrá cumplir todo lo que ha prometido?