Lucía.—Que golpee, hasta que le duela á la puerta.
Antífolo de Éfeso.—Te lo haré pagar caro, aunque tenga que echar abajo la puerta.
Lucía.—¿Quién se antoja de eso y de un cepo de piés en la ciudad?
Adriana.—(En el interior de la casa.) ¿Quién hace tanto ruido en la puerta?
Dromio de Siracusa.—Bajo mi palabra, que vuestra ciudad está embarullada por mozos turbulentos.
Antífolo de Éfeso.—¿Estáis ahí, esposa mía? Podíais haber venido un poco más pronto.
Adriana.—¿Vuestra esposa, señor bribón? Ea! Marchaos de esta puerta.
Dromio de Éfeso.—Si tenéis que sufrir, señor, ese bribón no quedará bueno y sano.
Angelo.—(Á Antífolo de Éfeso.) Aquí no hay ni mesa puesta, ni buena acogida; ya quisiéramos tener una ú otra.
Baltasar.—Discutiendo lo que se debe hacer, no perderemos una ni otra.