Antífolo.—¿He comido en casa? Tú, tunante, qué dices tú?

Dromio.—Para decir la verdad, señor, no habéis comido en el alojamiento.

Antífolo.—¿Mis puertas no estaban cerradas y yo fuera?

Dromio.—¡Por Dios! Vuestra puerta estaba cerrada y vos fuera.

Antífolo.—¿Y ella misma no me ha colmado de injurias?

Te adjuro, Satanás, ya que habitas dentro de este hombre...

Dromio.—Sin mentir, os ha dicho injurias ella misma.

Antífolo.—¿Su cocinera no me ha insultado, zaherido, despreciado?